El autor de la Centesimus annus que, como Karol Wojtyla, había ya dedicado mucho tiempo al estudio de la antropología, desarrollando una visión de la libertad, la responsabilidad y la creatividad de la persona humana, dice textualmente que “el error fundamental del socialismo es de carácter antropológico. Efectivamente, (el socialismo) —dice el Papa— considera a todo hombre como un simple elemento y una molécula del organismo social, de manera que el bien del individuo se subordina al funcionamiento del mecanismo económico-social.
El Papa, que se cuenta entre aquellos a quienes no gusta la palabra capitalismo, en la Centesimus annus dice que “la moderna economía de empresa comporta aspectos positivos, cuya raíz es la libertad de la persona, que se expresa en el campo económico y en otros campos. En efecto, la economía es un sector de la múltiple actividad humana y en ella, como en todos los demás campos, es tan válido el derecho a la libertad como el deber de hacer uso responsable del mismo”.
Pero Juan Pablo II es más explícito y, al preguntarse sobre la aceptación de este sistema, en el famoso número 42 de la Centesimus annus, textualmente dice:
“Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva”.
Pero, una vez definido el capitalismo por sus notas positivas, el Papa completa la determinación de lo que ha de ser, por exclusión de lo que no ha de ser, diciendo: “pero si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa”.
La conclusión que se obtiene de estas palabras de Juan Pablo II es que los que pensamos que el sistema de libre mercado, desde el punto de vista económico, es el mejor de los sistemas posibles, debemos intentar depurarlo de las notas negativas que, según Juan Pablo II, lo harían inaceptable.
Y para ello, no hay que pretender corregir coactivamente el sistema, mediante la intervención estatal, sino que —respetando todo lo que se refiere a la propiedad privada de los medios de producción; al mecanismo de los precios para la mejor asignación de recursos; y a la libertad de emprender— lo que procede es seguir la enseñanza del Papa recogida en el párrafo que acabamos de leer, cuando habla de encuadrar el sistema en un sólido contexto jurídico, y en otro pasaje de la Centesimus annus, cuando precisa que las críticas al modelo de mercado “no van dirigidas al sistema económico, sino al sistema ético-cultural”.
Es decir, lo que procede es encuadrar el funcionamiento de las invariables leyes económicas en un contexto determinado por un correcto sistema jurídico-institucional y un sistema ético-cultural basado en la naturaleza y valor del hombre, como ser racional y libre.
martes, 21 de octubre de 2008
Laborem exercens y la economía
Otro aspecto importante del pensamiento de Juan Pablo II en el orden económico es el que se refiere al trabajo, materia a la que dedica extensos apartados de la Laborem exercens.
La observación de la Laborem excercens es muy importante, a nuestro juicio, para salir al paso de los que, pretendiendo ampararse en la Doctrina Social de la Iglesia, proclaman que el trabajo no puede ser tratado como una mercancía, cuyo valor se determina por la oferta y la demanda. Si bien el trabajo en sentido subjetivo escapa de esta ley, y el que trabaja, valga lo que valga lo que produce, él ha de ser valorado como corresponde a la dignidad de la persona humana, nada se opone a que el producto del trabajo sea valorado, es decir, pagado, con los criterios que determinan el justo precio de las cosas.
Juan Pablo II concluye diciendo que “el problema clave de la ética social es el de la justa remuneración por el trabajo realizado”. Y remacha “el salario, es decir, la remuneración del trabajo, sigue siendo una vía concreta, a través de la cual la gran mayoría de los hombres puede acceder a los bienes que están destinados al uso común: tanto bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producción. Los unos y los otros se hacen accesibles al hombre del trabajo gracias al salario que recibe como remuneración por su trabajo. De aquí que, precisamente el salario justo se convierta en todo caso en la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socio-económico”.
Fuente: http://www.contrapeso.info/articulo-4-2136.html
La observación de la Laborem excercens es muy importante, a nuestro juicio, para salir al paso de los que, pretendiendo ampararse en la Doctrina Social de la Iglesia, proclaman que el trabajo no puede ser tratado como una mercancía, cuyo valor se determina por la oferta y la demanda. Si bien el trabajo en sentido subjetivo escapa de esta ley, y el que trabaja, valga lo que valga lo que produce, él ha de ser valorado como corresponde a la dignidad de la persona humana, nada se opone a que el producto del trabajo sea valorado, es decir, pagado, con los criterios que determinan el justo precio de las cosas.
Juan Pablo II concluye diciendo que “el problema clave de la ética social es el de la justa remuneración por el trabajo realizado”. Y remacha “el salario, es decir, la remuneración del trabajo, sigue siendo una vía concreta, a través de la cual la gran mayoría de los hombres puede acceder a los bienes que están destinados al uso común: tanto bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producción. Los unos y los otros se hacen accesibles al hombre del trabajo gracias al salario que recibe como remuneración por su trabajo. De aquí que, precisamente el salario justo se convierta en todo caso en la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socio-económico”.
Fuente: http://www.contrapeso.info/articulo-4-2136.html
Sollicitudo rei socialis y la economía
En la Sollicitudo rei socialis, entre otros temas que afectan al orden económico mundial, el Papa aborda el problema de la deuda exterior de los países en desarrollo, que considera como uno de los indicadores específicos del subdesarrollo. El Papa invita a los expertos a buscar soluciones a este problema a la luz de los principios éticos, pero, como no podía ser de otra forma, no dicta fórmulas concretas a aplicar, ya que éstas deben ser investigadas y propuestas por los técnicos.
Otro tema tratado en la Sollicitudo rei socialis es el de la propiedad privada de los bienes, incluidos los de producción, pilar básico del sistema de economía de mercado.
En el pensamiento de Juan Pablo II el crédito “precede” ontológicamente a la propiedad, a toda propiedad. En la raíz misma de la disposición, inherente al dominio sobre los bienes, sean éstos de la cuantía y calificación que sean, está el ingrediente de su alteridad, el provecho de los demás.
Esto es precisamente lo que, en el sistema de economía de mercado, tiene lugar cuando los bienes poseídos en privado son destinados al proceso de producción, creando puestos de trabajo y rentas para los demás. La avaricia atesoradora de bienes, sin provecho para nadie, o el despilfarro de los mismos, con injuria de los necesitados, no forman parte del espíritu del auténtico empresario que está marcado por la magnificencia del que arriesga.
Fuente: http://www.contrapeso.info/articulo-4-2136.html
Otro tema tratado en la Sollicitudo rei socialis es el de la propiedad privada de los bienes, incluidos los de producción, pilar básico del sistema de economía de mercado.
En el pensamiento de Juan Pablo II el crédito “precede” ontológicamente a la propiedad, a toda propiedad. En la raíz misma de la disposición, inherente al dominio sobre los bienes, sean éstos de la cuantía y calificación que sean, está el ingrediente de su alteridad, el provecho de los demás.
Esto es precisamente lo que, en el sistema de economía de mercado, tiene lugar cuando los bienes poseídos en privado son destinados al proceso de producción, creando puestos de trabajo y rentas para los demás. La avaricia atesoradora de bienes, sin provecho para nadie, o el despilfarro de los mismos, con injuria de los necesitados, no forman parte del espíritu del auténtico empresario que está marcado por la magnificencia del que arriesga.
Fuente: http://www.contrapeso.info/articulo-4-2136.html
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)